Elena Vargas · 10 de agosto de 2026
Tradiciones ancestrales en las comunidades de la Araucanía.

En las verdes laderas de la Araucanía, donde los bosques de araucarias se elevan como guardianes silenciosos, las comunidades mapuche siguen tejiendo el hilo de sus costumbres más antiguas. Cada mañana, cuando el sol ilumina los campos de trigo y las casas de madera, se respira un aire que mezcla el pasado con el presente de forma natural.

Una de las prácticas más arraigadas es el arte del tejido. Las mujeres, como la señora Rosa en la comunidad de Curarrehue, dedican horas a sus telares. Con lana teñida de forma natural usando raíces y hojas, crean mantas que cuentan historias de familias y paisajes. No es solo ropa; es memoria viva que se transmite de madres a hijas.
El Nguillatun y sus rituales
El Nguillatun representa el corazón de la espiritualidad mapuche. Se celebra en fechas marcadas por el calendario lunar, reuniendo a toda la comunidad alrededor de un rehue. Allí se ofrecen rogativas por la lluvia, la salud y la buena cosecha. Los cantos y danzas duran varios días, con el sonido de kultrunes marcando el ritmo sagrado.
La comida como vínculo
En cada reunión familiar, los sabores ancestrales aparecen en la mesa. El mote con huesillo, preparado con maíz cocido y duraznos secos, o el charquicán de papas y carne, recuerdan tiempos en que todo se cultivaba de manera respetuosa con la tierra. Los niños aprenden desde pequeños a recolectar hierbas para el mate o a preparar el catuto.
Mi abuela decía que sin respeto por el itrofil mongen, la vida no tiene sentido. Seguimos sus palabras cada día. - Rosa Huenchuman
Los jóvenes también participan, aunque combinan estas costumbres con la vida moderna. Muchos estudian en Temuco pero regresan los fines de semana para ayudar en las siembras o en los preparativos de ceremonias. Esta mezcla permite que las tradiciones no se pierdan.

Desafíos y continuidad
- Preservar el idioma mapudungun en las escuelas locales.
- Proteger los territorios de la deforestación.
- Enseñar a las nuevas generaciones el valor de las hierbas medicinales.
Aunque el mundo avanza rápido, en estos rincones de Chile el tiempo parece fluir más lento. Las plazas de los pueblos se llenan de relatos compartidos al atardecer, y las estrellas sobre los volcanes recuerdan que todo está conectado.

Así, día tras día, las comunidades de la Araucanía mantienen viva su esencia. No como algo de museo, sino como parte cotidiana que da sentido a cada paso en estos hermosos territorios del sur.
